sábado, 11 de abril de 2015

Amor obsesivo.

Amor obsesivo. Aquel tipo de amor que no le deseo ni a mi peor enemigo, aquel amor como el que viví hace algunos años atrás...

Me costó mucho tiempo y esfuerzo poder superarlo. Antes no lo hubiese contado por el temor a que lo lea, por el miedo a perderlo para siempre.

Él alimentaba mi obsesión día a día y lo sabía, comprendía que no era sano, aunque su conciencia discernía que lo amaba más que a mi propia vida, más que a cualquier ser. Conocía a la perfección cada detalle de mí -incluso aquellos que no salían a la luz, mis lados oscuros- y eso era un arma mortal, la cual utilizó. Sabía como destruirme y no dudó en intentarlo. 

Ante cualquier situación, lo único que necesitaba para sentirme mejor era su ayuda. Una simple mirada lograba salvarme de un gran sufrimiento, mágicamente la tristeza desaparecía. Desaparecía de la misma manera que lo hizo él, una y otra vez, sin brindarme ninguna explicación.

Me ilusionaba, jugábamos a ser felices por un rato y luego se olvidaba de mi existencia -aprendí a acostumbrarme a ese dolor, dolor que cada vez era más profundo-.


Meses llorando, aferrada a la almohada sin saber qué hacer con mi vida. Meses que disfrutaba aunque sea observarlo caminar, desde lejos. La obsesión crecía y aunque suene extraño, le fascinaba mi locura por él. Disfrutaba mi angustia, lo entusiasmaba saber que alguien había llegado a venerar cada parte de su persona. Jamás comprenderé sus razones. 

Poco a poco me recuperé, regresé a la vida. Viéndolo desde otro punto de vista llegué a la conclusión de que quizás él estaba más enfermo que yo. Tal vez eramos dos obsesionados, el uno con el otro.

 Jamás volveré a ser la misma, jamás volveré a tener mi inocencia ni aquel amor puro que conservaba a los 14 años. Siempre sostengo que no debemos arrepentirnos de nuestras acciones, pero no puedo negar un sentimiento que ronda varias veces por mi cabeza: el deseo de que aquel primer amor, hubiese sido otra persona. 

Ya no forma parte de mi vida. Si me quedaba un poco amor, actualmente no está. Sé que hay amores por los que vale la pena luchar, en esta ocasión no supe reconocer el límite. 

Y aunque los años pasaron y las heridas dejaron huellas imborrables, todavía mantengo mis ilusiones. La esperanza de volver a ser esa nena valiente que daba todo por amor sigue intacta. La nena que jugaba todas sus fichas a cambio de nada. 

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