sábado, 18 de junio de 2011

Los oí hablar.

Los oí hablar en la cocina. No podía escuchar lo que decían pero estaban discutiendo. Ella empezó a llorar, entonces decidí que debía hacer algo. No sabía como ayudar, pero se encontraban mal, muy mal. La situación ya era común, algo de todos los días. Pero nunca la había escuchado llorar así, de esa manera. Su llanto era descontrolado, de esos que no te dejan respirar y menos pensar. La ví, estaba roja con los ojos hinchados. Corrió a su habitación, atrás iba él, enfurecido y triste. Después de esa pelea pasó horas encerrada en su cuarto. Era incomodo para mi estar espiando y teniendo esas ganas de ayudarla, decirle lo que sentía, cuanto la amaba y lo felíz que sería a mi lado.

Era inútil que lo intentara, a pesar de lo mal que le hacía estaba enamorada. Era un amor juvenil, absoluto. Esos en los que te jugas hasta la vida, a todo o nada. Seguía afuera de su casa, esperando su llamado pidiéndome un consejo... Deseando con todo mi corazón animarme y confesarle que mi mundo no tendría sentido si ella no existiera.

Miedo, eso es lo que tengo. De que se aleje, de perder su amistad. Quiero enamorarla de a poco, sin que lo note. Tenerla en mis brazos, poder hacerle olvidar todo el mal que el otro le causó.

4 comentarios:

  1. HOLA nenaa saves la verdad yo estoy en una situacion parecida.. mi amiga sufre todo eso una de las mejores amigas y se siente una ravia impotente no poder ayudar como yo quisiera pero si ella no se kiere ayudar no lo pueden acer lo demas..!!!! Creme esas historias hay y hay muchass

    UN besotee felizidades hermozo BLOG

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  2. Ni se que decir respecto a eso, porque nunca lo he pasado
    mucha suerte..te sigo..

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  3. Es un gusto conocer tu blog..
    te dejo un abrazo!

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